Dos días seguidos, qué extraño.
Dos días seguidos de luto,
amargado y castigado,
sufriendo cada minuto.
Dos días seguidos se notan
en el medio de esta vida
que empieza a estar ya algo rota.
Necesito una salida.
Dos días seguidos triste,
colgado de un aparato
esperando en un despiste
un signo, algún gesto, algo.
Dos días que se hacen largos,
dos noches seguidas, cuatro
veinte días tan amargos.
Otros veinte ya no aguanto.
Seis días más y una brisa,
que interrumpa la demencia,
me provoque una sonrisa
y culmine mi paciencia.
Y después, ¿qué me depara?
¿Cuántos días de amargura?
¿Vale la pena esperar?
Quizás sea una locura.
Mejor tratar de olvidar,
despejar por fin mi mente.
Intentar dejar de amar
y volverme indiferente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario