Salgo del primero, tranquilo.
La cerveza no me convenció de nada.
Camino.
Hay más gente por la calle, pero no está conmigo.
No importa. Ellos tendrán sus problemas,
yo los míos.
No hace mucho calor ni mucho frío.
La brisa veraniega refresca mi frente sudada
Es un alivio.
Cuento los pasos durante unos segundos
Luego me doy cuenta de que es una tontería.
Me río.
Diez minutos más tarde, o quince, entro en otro sitio
elegido al azar, el que estaba delante
no soy exquisito.
Un tercio de cerveza, o un par de quintos,
De barril no. Me gusta besar con mis labios
la boca de vidrio.
Apoyado en la barra, con la vista perdida,
echo un perezoso vistazo alrededor,
sin ningún motivo.
Un hombre obeso, una pareja y un señor
y sólo un camarero atiende el bar
medio vacío.
Frente a mí el mismo periódico de antes
en cada bar lo he leído por encima,
nada importante
O al menos nada que ahora mismo importe.
Me canso y se me acaba la cerveza.
Pero aún no es tarde
Saldré a la calle en un par de minutos
en busca de otro bar, de otro refugio
para mi.
No quiero que me juzgue la mirada
del camarero que me sirva otra botella.
Me voy de aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario