viernes, 16 de junio de 2017

Hogar

Un anochecer olvidado en el cemento.
Una mirada perdida en el viento.
Varias sonrisas, que gritan, que sienten,
se sienten solas, mueren de repente.

Y otra mirada en la noche, tan fría,
nadie responde, no, gente dormida.
Tres golpes suaves, contesta un viejo,
ya solo quedan sus blancos pellejos.

No queda nadie, no queda nada,
nadie responde a una nueva mirada.
Amanecer ignorado y sin destino,
en el lugar en donde ya no nacen niños.


En el lugar en donde ya no nacen niños.

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