viernes, 31 de mayo de 2019

El pico

Cuánto más arriba, más grande es cada error y más pequeño todo lo demás.

Cuánto más tiempo pasas sobre las nubes, menos recuerdas el mar, la playa. Y menos importa.


Más lejos queda el primer peldaño, la primera pared de roca escarpada, el primer tropiezo, la primera victoria. Tan lejos que, a veces, es fácil olvidarlo. Es fácil asumirse heroico e indestructible, superior. Y es fácil juzgar al otro, al que ves desde arriba, que no sube, porque, aparentemente, no sabe. O quizás decide no hacerlo.

Si mi vida han sido tres actos, como una obra clásica, del primero no me acuerdo, y del segundo he decidido olvidarme. Me construye el tercero, que me hizo fuerte, que me dió empuje, me izó y me sostuvo. Pero ya no es útil, porque, desde aquí, ya no veo nada. Ni a mi mismo. Y los pedruscos tiemblan bajo mis pies, la roca se resquebraja en mis manos. Ya no es seguro. Resbalo.

Es hora de descender para poder volver a mirar hacia arriba. Hacia otra montaña. Una sin tanta niebla y sin tanta pendiente, no la necesito. Necesito, ahora si, ver con claridad.













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